La más chiquita cuenta con 4 años
ya. Cuatro años de chispeante alegría, dueña de una simpatía que conquista,
dueña de un carácter caprichoso. Pero indudablemente divertida, que me
aleja de los recuerdos escalofriantes de un embarazo horrible, con miedo, con
dudas de que si todo iba a salir bien, pero eso es tema de otro post (ya lo
escribiré).
La cosa
es que la chiquita es la que menos espacios propios tiene, por tener dos
hermanas mayores, por haber venido 6 años después de habernos convertido en “Familia”.
Pero la cosa es que a pesar de esto, se hace su lugar a codazos – a veces
literales -, y trata de conquistar sus espacios.
La
última conquista fue Natación. A pesar de haber logrado flotar, desplazarse,
apropiarse de la pileta en el verano, a pura fuerza de voluntad, a puro
esfuerzo, a pura dedicación, la pequeña decidió que necesitaba esa habilidad para ser libre en el verano, y
hace ya dos temporadas que pulula libremente por cualquier espacio de agua,
tanto que en las vacaciones, y debido a su destreza en el agua y a su tamaño
mini, es bien menudita, se ganó el apelativo “peixinho”.
Bueno,
pero no para ahí la cosa, mientras afuera cae escarcha, la pequeña reclama a
grito vivo: “Quiero ir a Natación!”. “Hace frío” – “No, en la pileta de casa
no, en OTRA pileta caliente”, y así hasta el cansancio.
Sí, si…la
chica me ganó por cansancio y allá vamos a ir el jueves, a su primera clase de
natación.
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